Aquí estoy de vuelta después de un buen tiempo, bastante tiempo para ser sinceros. Para mi vuelta al blog traigo un viaje que hice a principios de enero. Por esas fechas estuve un mes en Recife viendo a la familia y recibí también la visita de mi hermano, que conoció dos brasiles diferentes, el nordeste y el sudeste. Durante esas vacaciones de diciembre-enero fuimos de viaje a la Chapada Diamantina, parque nacional que se encuentra en el corazón de Bahía. Es uno de esos sitios que si buscas por internet lugares naturales imprescindibles de conocer en Brasil te saldrá fijo.
Primero os voy a hacer una pequeña presentación del lugar y después os comentaré como fue la aventura, ya que más que viaje, fue una aventura.
La Chapada Diamantina como os he comentado se encuentra en Bahía, en el noreste de brasil, esta región, casi toda ella declarada parque nacional, se sitúa en el corazón del estado de Bahía. Es una transición de biomas, el de caatinga, cerrado, campos rupestres y mata de altura. Su gran fama se debe a que es una sierra formada por altiplanos, mesas y cerros testigos en su mayoría, es decir, no tiene muchos picos, sino que son alturas planas, esta formación nos deja ver por tanto desde un punto de vista morfológico por donde antiguamente iba el suelo, antes de que sufriese la erosión fluvial y eólica, principalmente. Esta región es principalmente calcárea, y esto provoca que en este lugar haya un gran número de cuevas, grutas y cavernas, por tanto al que le guste la espeleología aquí tiene un lugar a donde ir.
Otro gran atractivo es la cantidad de cascadas donde bañarse que uno se puede encontrar por toda la región.
La extensión del parque es de 152.000 hectáreas aproximadamente. Su nombre por cierto, se debe a que era una región de diamantes, y esa cultura de la minas de diamantes está presente hasta los días de hoy en la población de esta región.
Por último contar que hubo un incendio por la región durante el mes de noviembre y algo de diciembre, lo podréis ver en algunas fotos, una pena la verdad, pero también pudimos ver gracias a ello un tipo de planta que solo nace después de el terreno se queme.
Tras esta breve presentación de la chapada os voy a contar como fue el viaje.
El viaje como ya os he comentado antes fue más bien una aventura, el principal motivo fue que en total nos hicimos casi 2800 km en siete días en coche y de todos estos kilómetros solo 300 fueron en autopistas, por carreteras del interior de Brasil que no tienen nada que ver en su mayoría con las de Europa.
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| Los 5 en el auto |
Como he dicho antes el viaje fueron 7 días y fuimos 5 personas en total en un coche. El primer día fue ir de Recife a la Chapada, esto equivale a unos 1200 km pasando de un clima tropical húmedo como la
mata atlântica a uno semiárido como es el
sertão y después al de
caatinga que es el que domina en la Chapada Diamantina, en principio era llegar a Mucugé, nuestra primera estancia, pero después de 16 horas de viaje a 150 km del destino y en medio de una lluvia torrencial, la carretera pasó bruscamente de ser nueva a ser el primer asfalto que habían colocado hace ni se sabe, la peor carretera que he visto en mi vida, un camino de tierra es mejor. Esta carretera tenía 3 agujeros de tamaño medio por metro cuadrado más o menos, la velocidad media era de 18km/h durante 60km, en los cuales solo vimos un camión que venía en la otra dirección, un camión parado en la cuneta y una moto que nos adelantó, en mitad como he comentado de la lluvia torrencial, imaginaros lo que uno piensa que puede pasar cuando ve el camión o la moto adelantando... Pues eso, llegamos a la una de la mañana a un pueblo que no era Mucugé, casi sin gasolina y con todo en ese pueblo cerrado, por tanto decidimos quedarnos a dormir en el pueblo en el coche ya que a parte la carretera que llevaba a nuestro destino tenía la misma pinta que la que habíamos pasado antes.
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| El estado de la carretera del día siguiente |
Al día siguiente echamos gasolina al coche y nos dirigimos para Mucugé, en efecto la carretera era igual a la de la noche anterior, esta vez fueron solo unos 10km. Ya al fin, después de 26 horas llegamos a Mucugé, buscamos alojamiento e hicimos una visita por el lugar, nos dimos una vuelta por el monte, fuimos a uno de los dos únicos cementerios bizantinos que hay en el mundo, también fuimos a una área de protección de la flor
sempre-viva y nos dimos un baño, yo no ya que estaba bastante fría, en el río que llevaba bastante agua por las lluvias.
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| Sempre-viva |
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| Cementerio bizantino de Mucugé |
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| Un manga |
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| En el río |
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| Vista del cementerio bizantino |
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| Mucugé |
Al día siguiente nos dimos una vuelta por el pueblo de Mucugé, este pueblo es muy bonito, merece la pena visitarlo y pasear. La presencia del pasado minero está presente siempre en los escritos de placas y en los homenajes como estatuas o parques a los mineros del pasado o
Garimpeiros como se dice en portugués. Después del paseo nos dirigimos hacia el próximo destino que era el Poço Azul, este lugar es una cueva que forma un pozo de agua y los rayos de luz dan al agua un color azul turquesa casi. En este lugar te puedes meter en el agua durante 30 min con flotadores y gafas de buceo para así poder ver todo el pozo que se encuentra a la luz, es bastante interesante ya que las formas de las rocas calcáreas son muy bonitas. Tras visitarlo fuimos a Lençois, otro pueblo donde nos quedaríamos a dormir dos noches. El viaje en ese día en coche fue de 150km.
Lençois es el principal pueblo de toda la región, es también un pueblo histórico, y aun más bonito que Mucugé, a mí particularmente me encantó, se encuentra metido en la montaña.
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| Mucugé |
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| Mucugé |
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| Mucugé |
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| Acarajé, comida muy tradicional de Bahía |
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| De cerves por Lençois |
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| Esperando para entrar al Poço Azul |
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| Con el equipo |
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| Poço Azul |
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| Poço Azul |
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| Antes del baño |
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| Poço Azul |
Al día siguiente fuimos a la Pratinha, es una laguna que las aguas son totalmente cristalinas, pero nosotros no pudimos verlas cristalinas debido a que las lluvias habían movido las aguas y con ello enturbiado el agua, por tanto nada de nada. Después fuimos a la Gruta da Lapa Doce, una de las mejores experiencias del viaje, este lugar es una gruta de 2km en la que paseas viendo estalagmitas y estalactitas y todo tipo de formas que se produce en las grutas. Fue increíble, nunca antes había entrado en una gruta, debíamos de ir con linternas y cuando las apagamos una vez todas era la oscuridad total, no se veía nada.
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| Una especie de cactus |
Tras esta gran experiencia, nos dirigimos al Morro do Pai Inacio, un gran cerro testigo, de los muchos que hay, al que se puede subir y tener unas vistas espectaculares de la región, una pasada sin ninguna duda.
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| Complejo de la Gruta da Lapa Doce |
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| La dolina donde se encuentra la gruta |
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| Entrada a la gruta Lapa Doce |
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| Formaciones de estalagmitas y estalactitas |
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| Más formaciones |
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| Más formaciones |
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| Comenzando a formarse una estalagmita |
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| La salida |
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| Mil pies |
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| Desde el Morro do Pai Inacio |
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| Más vistas |
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| Más vistas |
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| Lençois de noche |
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| Lençois |
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| Lençois |
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| Lençois |
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| Vista desde abajo del Morro do Pai Inacio |
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| Más formaciones |
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| Más formaciones |
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| Otra formándose |
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| Más formaciones |
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| Estalagmita y estalactita unidas |
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| Información |
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| Vistas |
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| Los dos |
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| Contemplando las bellas vistas |
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| Los cinco |
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Moqueca de Jaca en el centro, con los frijoles,
arroz, farofinha y carne do sol. |
En el quinto día dejamos Lençois y nos dirigimos hacia el Vale do Capão, en mitad del camino hicimos un alto en el Poço do Diabo, una gran poza con una cascada especular, para llegar había que ir río abajo, pasando por alguna pequeña cascada. Después de un baño y unos cuantos saltos de gran altura nos dirigimos hacia nuestro destino. El Vale do Capão es un pequeño pueblo que se encuentra bien adentro de la Chapada, más de una hora de viaje por camino de tierra, bien auténtico. Antes de llegar nos fuimos a comer a un lugar que nos habían recomendado en otra villa a medio camino, este lugar es la casa de una señora que hace una
moqueca de jaca, plato tradicional brasileño normalmente de pescado o langostinos, pero esta es con la fruta de Jaca, muy típica de esta región. La moqueca fue lo mejor que comimos en todo el viaje, imaginaros un plato hecho por una señora en su casa en una villa perdida en mitad de la montaña, pues una delicia. Durante las dos horas de espera para que la señora la hiciese nos fuimos a bañarnos a una cascada cercana, en esta cascada nos bañamos en las pozas que se forman arriba de la cascada, y aquí ya si que me bañé del calor que hacía. Después de almorzar como reyes en el jardín de la casa, no fuimos para el destino final, al cual llegamos por la noche.
El Vale do Capão es una villa pequeña que vive del turismo de la gente que va allá a caminar, hay más espacio casi ocupado por los camping y posadas, que por las casas de la gente que vive. Una característica de esta zona, es que uno se encuentra bastantes comidas hechas con Jaca como coxinhas y pasteis , esta fruta, ya puse alguna foto en el blog, tiene unas dimensiones bastante grandes, puede llegar a pesar 5 kg y cuando está verde se puede usar para hacer platos salados.
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| Cachoeira en el río Mucugezinho |
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| Poço do Diabo |
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| Yendo a saltar |
Ya en el último día, volvimos a Recife, esta vez conociendo mejor los caminos fuimos por uno más rápido y conseguimos llegar 16 horas después a nuestro destino.
Sin duda fue un viaje increíble, de los que siempre estarán grabados en la memoria, junto a Karina, Diego, Rafael y Simón.
Comentarios
Besitos.
Ni el National Geographic.
Así es como mejor se conoce un país (como las ciudades, pateándolas). El viaje de ida.... un puto infiernito, que a toro pasado, moló bastante.